Ayudarles en la gestión de conflictos

Ayudarles en la gestión de conflictos

Que los niños acudan a sus figuras de referencia en búsqueda de consuelo y ayuda para resolver sus desencuentros con otras personas, es un éxito por sí mismo, ya que responde al nivel de confianza y complicidad implícito en estas relaciones, y les sirve para aprender cómo gestionar aquellas situaciones nuevas que vayan surgiendo. A medida que se acercan a la adolescencia, sin embargo, poco a poco vemos cómo se van distanciando, y a veces ocurre que dejan de compartir sus desavenencias y dificultades con los padres, y empiezan a hacerlo con iguales cada vez más a menudo. Y, aunque esto es algo normativo, que forma parte del desarrollo en la infancia y la adolescencia, y que provee al joven de mayor autonomía y contribuye a la adquisición de un pensamiento más crítico, no deja de ser recomendable que, en aquellos casos en que duden o carezcan de recursos, acudan de nuevo a sus figuras de referencia en busca de orientación y consejo. Esto es algo que deben decidir ellos por sí mismos, pero existen algunas estrategias que los adultos podemos tener en cuenta para generar una mayor comunicación y cercanía.

Ofrecerles un buen ejemplo: Será más fácil que nos confíen sus cosas si ven que nosotros les contamos las nuestras de una forma más o menos regular. A veces tendemos a querer protegerles ocultándoles algunos temas que consideramos “para mayores”. Puede pasar, sin embargo, que el adolescente capte que algo no va del todo bien, y sin querer, en lugar de protegerle, lo que conseguimos es excluirle de temas importantes. De este modo, le enseñamos que los temas importantes no se hablan en familia, se gestionan de forma oculta, y será muy fácil que ellos hagan lo mismo cuando les pasen cosas importantes.

Caer en contar todo aquello que nos preocupa tampoco parece ser una buena solución, ya que podemos angustiarles en exceso. Será importante buscar un equilibrio entre lo que compartimos con ellos y lo que no, hacer una buena criba sobre qué, cómo y cuándo les explicamos, siendo conscientes que esto les servirá de modelo, ya que ellos tienden a reproducir nuestro comportamiento.

Evitar los juicios: Cuando el adolescente explica sus intimidades, puede sentirse fácilmente juzgado o avergonzado. Por ello será muy importante cuidar nuestro lenguaje (verbal y gestual) para buscar que en todo momento se sienta cómodo y libre de expresarse como considere oportuno. A veces podemos caer en insistir en obtener mayor información, cuestionarle o insinuar que la información que nos ofrece es parcial o está manipulada, o censurar su comportamiento sin haber escuchado todo el relato. En este sentido, será importante gestionarnos emocionalmente para que lo que sentimos no boicotee su iniciativa de hacernos partícipes de sus vivencias. Una vez terminada la explicación, siempre podemos expresar nuestra preocupación, con calma, y ofrecerle nuestro punto de vista y las soluciones que consideremos oportunas.

Acompañarle incondicionalmente: Una vez ha confiado en nosotros y nos ha contado el problema en cuestión, será útil mostrarnos presentes y ofrecer nuestra ayuda incondicional. A veces podemos caer en minimizar el problema que nos cuenta con el fin de que lo perciba menos importante y se tranquilice, aunque a menudo lo que conseguimos es que se sienta poco comprendido y desamparado. Será importante escucharle y mostrarle nuestro interés por comprenderle, y para ello se vuelve indispensable tolerar su malestar y nuestra propia incomodidad.

Otras veces podemos caer en atribuirnos la responsabilidad de solucionar la situación, mostrándonos categóricos o impositivos, y ofreciéndole soluciones que pueden percibirse como inadecuadas o parciales, y que facilitan un rol sumiso y de dependencia por parte del chico o de la chica. Preguntarle cómo quiere que le ayudemos, u ofrecer distintas alternativas para que entre todos podáis elegir la solución más adecuada, le ayudará a sentirse más respetado y contribuirá a la adquisición de una mayor autonomía.

Reforzar los acercamientos: Cuando el chico o la chica se acerca y comparte con nosotros alguna dificultad, a veces podemos dejarnos llevar por la preocupación y censurarle, olvidando el esfuerzo que en ocasiones puede suponer compartir según qué temas con los padres. Más allá de la magnitud de la situación, o de las acciones que le han llevado hasta ella, el hecho de que el chico o la chica confíe en nosotros para resolverla no debe pasar por alto. Validar sus emociones y esforzarnos en entender su punto de vista será vital, pero lo será aún más transmitirle cuánto valoramos esa iniciativa, y hacerle consciente de lo importante que eso es para nosotros.

Debemos tener en cuenta que, si al hecho de acercarse a nosotros le va seguido de forma frecuente una “bronca”, este acercamiento se verá reducido por sí mismo, y terminará por desaparecer. Sustituyamos las “broncas” por diálogos desde la calma, que transmitan confianza y tranquilidad, que no sumen angustia a una situación ya de por sí desagradable, y que nos conviertan figuras de referencia a las que acudir sin reparos, y sin excepciones.

Mireia Valera

Psicóloga General Sanitaria. Especialista en Psicopatología Clínica y Terapia de Tercera Generación

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2018-12-10T08:52:30+00:00

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