La relajación en niños y adolescentes

La relajación en niños y adolescentes

Uno de los principales objetivos que tenemos en la etapa de la infancia y la adolescencia es disminuir el impacto que tienen las emociones negativas (ira, frustración, miedo…) en el día a día del niño o la niña. Existen múltiples dinámicas, técnicas y teorías para ganar en esta a veces  complicada partida contra las emociones negativas, pero una de las más investigadas y utilizadas a lo largo de la historia es la relajación.

La experimentación de las famosas emociones negativas desarrolla en el organismo un alto nivel de activación fisiológica (sudoración excesiva, aumento de la tasa cardíaca, tensión muscular…). Al contrario, la relajación lo que consigue es una respuesta antagónica a estos efectos fisiológicos, ya que busca llegar a un estado de reposo en el que  el nivel de activación fisiológica sea el mínimo. Por esto, las técnicas de relajación constituyen una de las mejores opciones existentes para aprender a gestionar esta activación producida por las ya nombradas emociones negativas.

Remontándonos a los inicios, el origen de las técnicas de relajación se encuentra en las prácticas de meditación de las religiones orientales, hace casi más de cinco mil años. En lo que nos concierne, en la historia de la psicología, son varios los autores que investigan los beneficios de estas prácticas en la salud mental, pero es en los años 1930 cuando se desarrolla una de las técnicas con más adeptos, la relajación muscular progresiva de Jacobson.

Esta técnica pretende conseguir que la persona identifique las señales que dan sus músculos cuando están en tensión, y las diferencie de las sensaciones que experimenta cuando los músculos están relajados. Para aprender a identificar las sensaciones de tensión en los músculos, lo primero es tensarlos de forma voluntaria e intensa, por ello en esta técnica el terapeuta indica al paciente que tense y destense diferentes grupos musculares. Las zonas en las que acumulamos tensión son múltiples, por lo que aprender a relajar los distintos grupos musculares supone un recorrido por todo nuestro cuerpo. Lo que nos proponía Jacobson era comenzar por brazos y manos, y continuar incorporando de manera progresiva la cabeza, el cuello, los hombros, el pecho, la espalda, el estómago y por último las piernas y los pies.

Hoy en día, las técnicas utilizadas se basan en esta propuesta de Jacobson pero desarrollando una adaptación a las circunstancias actuales y siempre en base a las características de la niña o el niño. Además, encontramos también técnicas pensadas específicamente para la etapa infantil, como es la relajación muscular de Koeppen, en la cual el lenguaje está completamente adaptado a edades tempranas. En ella se trabaja también la relajación de diferentes grupos musculares, pero con indicaciones como ‘Imagina que tienes un limón en tu mano izquierda, y tienes que tratar de exprimirlo para sacarle todo el juego’ en lugar de ‘cierra tu mano en forma de puño y aprieta para notar la tensión’, indicación que se daría en el caso de adolescentes o niños mayores.

Escojamos la que escojamos, los beneficios de esta en la etapa infantojuvenil son claros: disminución del estrés, disminución de la tensión muscular, mejora de la calidad de sueño, aumento de la concentración y la memoria… si el niño aprende a relajarse cuando advierte la presencia de alguno de los estados de activación intensa mencionados anteriormente, conseguirá tener bajo control sus emociones y evitará o reducirá el impacto negativo de estas en su rutina diaria.

Berta Fernández

Psicóloga General Sanitaria

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